Capítulo 12 Capitulo 12

El domingo de verdad no huele a asado. Huele a café rehecho y a hombres que no vienen a comer.

Mateo me lo dice al amanecer, todavía en la cama, la mano en mi cintura por encima del camisón que Rosa dejó sin comentar. No hubo hambre de desnudarnos. Hubo sueño corto y el peso de un nombre que él...

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