Capítulo 7 Eres su amigo parte 2

Valeria

—Puede ser que sí me acuerde de él, pero no muy bien. ¿Es el chico que tenía muchas pequitas en la cara y qué llegaba a buscarte en su bicicleta?

—Ajá ese mismo —le respondí—. Pues gracias a él, con un pin y un código QR que me dio, logré entrar a un formulario y llené unos documentos. Ya entregué mis papeles por correo; ahora solo toca esperar. Dicen que es un hotel de lujo. No sé quiénes serán, pero me imagino que son personas adineradas. No había escuchado de eso, pero lo importante es que ya metí mis papeles. Ahora a esperar y tener fe en que lo lograré.

—Vas a ver que sí, Valeria. Todo esfuerzo valdrá la pena.

—Muchas gracias. Ahora preparémonos para ir a ver a mamá. Creo que mi hermano debe estar desesperado por estar ahí en mitad del día.

—Seguramente que sí. Voy a prepararme y también le llevaré un poco de atolillo que cociné; creo que ya podrá comer.

—Está bien, Jennifer. Muchas gracias por tu apoyo y por estar siempre con nosotros.

—Así será mientras yo pueda, así que no te preocupes.

Asentí. Solté un suspiro cansado y me tiré en la cama por un momento. Solo le pido a Dios no volver a encontrarme con el pasado. No quiero que él sepa de la existencia de Thiago, y espero que Rodrigo tampoco se lo cuente. Y en cuánto a él, no deseo verlos jamás. Yo lo apreciaba como un amigo, pero nada más; sin embargo, él malinterpretó todo.

Entré a tomar una ducha con mi niño, quien ya estaba jugando con el jabón. Lo bañé primero a él, le sequé el cuerpito y le coloqué una ropita cómoda con un suéter porque hacía un poco de frío. Luego hice lo mismo; terminé de ducharme, me cepillé los dientes y me preparé con rapidez.

Al salir del apartamento, subimos a una ruta para llegar al hospital.

—Mami, este lugar es muy grande. Hay muchos autos y también hay puentes altos y grandes camiones, como el juguete qué me regalaste para Navidad.

—Sí, mi amor. Por el momento estaremos aquí por un tiempo; luego nos iremos a Estelí.

—Pero, mami, este lugar es más bonito y no hace mucho frío como en Estelí. Además, hay muchos parques de diversiones. Cuando veníamos en ese gran bus lo pude notar. ¿Cuándo me podrás llevar?

Preguntó Thiago con su vocecita angelical. Le di un beso en la mejilla.

—Cuando nuestra mamita esté bien y yo tenga mucho dinero, mamá te llevará a un parque de diversiones. De eso no lo dudes jamás.

—Oki, mami. Es una promesa.

—Claro que es una promesa.

—Tía Jenny, ¿estás escuchando lo que dice mi mamá? Es una promesa. Tú eres la testigo principal.

Jennifer y yo nos echamos a reír a carcajadas, pero luego nos tapamos la boca, avergonzadas, porque había personas observando. Parecíamos dos locas.

Finalmente llegamos al hospital. Mi hermano ya estaba sofocado, aunque se notaba un poco más tranquilo. Cargó a mi hijo en brazos, luego me abrazó a mí y después a Jennifer.

—Mamá está fuera de peligro y está en una habitación de reposo, pero tiene mucha hambre. Jenny, ¿serías tan amable de entrar, por favor, y darle comida? Quiero hablar un poco con mi hermana. Disculpa la molestia.

—Claro que sí, nos vemos luego.

Cuando Jennifer desapareció, mi hijo también quiso irse con ella, así que se lo llevó. Me quedé con mi hermano. Él suspiró y me miró con seriedad, algo estaba pasando.

—¿Qué sucede, Fer? —le pregunté.

—Mamá no podrá caminar por un tiempo. No te lo quise decir enfrente del niño ni de Jennifer.

—¿Qué?

Me tapé la boca, consternada, sin poder creer lo que escuchaba. Las lágrimas salieron de mis ojos y negué.

—Pudimos hablar con el médico. Él me dijo que la cirugía fue muy buena; sin embargo, mamá tiene un disco de la columna vertebral demasiado desgastado. Aparentemente, cuando tuvo el infarto, se afectó la irrigación y los nervios que controlan el movimiento de las piernas, por eso necesitará rehabilitación y reposo.

—No puede ser.

—Por esa razón es necesario que busquemos un lugar más cómodo. Haré lo posible por encontrar una casa, pero con lo poco que ganamos no será suficiente. No sé qué hacer.

—No te preocupes, hermano. Tengo fe en que voy a conseguir un trabajo en uno de los hoteles más grandes del país y podremos estar bien.

Dije mientras me limpiaba los ojos. Mi hermano asintió y me abrazó. En ese momento, escuché que mi móvil empezó a vibrar con un tono bullicioso. Me sequé las lágrimas y vi que tenía varios correos electrónicos. Era cierto, había activado ese tono por si me entraba un Gmail.

—Será mejor que vayas a verla. Preguntó por ti.

—Ahora mismo lo haré. Solo quiero ver unos mensajes.

—Okey.

Abrí el mensaje que decía.

“Srta. Valeria Úbeda:

Se le solicita su presencia para la entrevista de trabajo a las 8:00 a. m en el hotel principal Deluxe, ubicado en la plaza Inter. Esperamos su puntual asistencia.”

Abrí los ojos de par en par sin poder creer lo que leía. Me tapé la boca y sentí una inmensa felicidad. Pero debía esperar la respuesta de mañana para saber si obtendría el contrato.

Aun así esto era exactamente lo que estaba esperando.

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