entrenando con la reina II

La sorpresa en el rostro de la Reina, sin embargo, no duró ni dos segundos. Tan rápido como pareció desconcertada por el hecho de que podía añadir y restar llamas sin necesidad de hacer un gesto con la mano, tan rápido desapareció la sorpresa.

La única indicación de que había sido sacudida fue el l...

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