la fiesta de la reina

En el momento en que Diana y yo cruzamos el umbral del salón de fiestas, el aire cambió.

Las conversaciones se interrumpieron a media frase, la música se suavizó y una oleada de atención rodó hacia nosotras. Las cabezas se volvieron, los ojos se abrieron de par en par y, por un breve y delicioso in...

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