la fiesta de la reina II

La música se derramaba por el salón como vino caliente: espesa, dorada y hecha para adormecer los sentidos. Las cuerdas centelleaban, los tambores latían bajo nuestros pies, y una docena de bailarines giraba en arcos bordados sobre el piso como pétalos atrapados en una brisa.

Después de todo, era u...

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