fiesta de la reina IV

Un silencio expectante cayó sobre el salón, de esos que se pegan a la piel, denso y en suspenso. Hasta el parpadeo de los candelabros pareció detenerse, como si la propia llama no se atreviera a moverse. Todas las miradas estaban puestas en mí, pero su peso se sentía extrañamente distante, amortigua...

Inicia sesión y continúa leyendo