cumpleaños vii

La entrada era enorme, arqueada como las fauces de una bestia dormida. Musgo se aferraba a la piedra oscura, y grabados tenues, tallados en la roca, relucían cuando los tocaba la luz del sol. Símbolos extraños, tan antiguos como la misma tierra, que susurraban sobre ritos olvidados.

El aire se volv...

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