oscuridad profunda

—¡Maya!

Diana. Por fin.

Suspiré, pero no fue solo eso; fue como soltar el último y frágil hilo de vida al que me había estado aferrando, manteniendo la esperanza contra toda esperanza.

El sonido de la voz de mi hermana había sido un bálsamo y una herida al mismo tiempo. El alivio me había invadid...

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