visitantes ii

—Madre quiere que vuelvas a casa —dijo Raúl, dándome un beso en la mejilla, mientras su mano trazaba un patrón invisible en mi ombligo.

Estábamos desnudos bajo las sábanas, envueltos en la magia naturalmente relajante que venía después de un sexo frenético, luego otro más lento, y otro más apasiona...

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