invitación ii

El auto se detuvo suavemente frente al gran salón; su carrocería pulida reflejaba la luz de docenas de faroles colgantes. Esa sola imagen bastó para remover algo punzante en mi pecho: recuerdos, amargos e imborrables.

Hace seis años, había estado en estos mismos terrenos, más joven, ingenua y estúp...

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