despreocupado ii

—¿Planeabas dejarla ahí? —pregunté con voz tranquila, casi conversacional.

El cuerpo inerte de la mujer, que yacía en el suelo, tenía los ojos vidriosos y los labios aún entreabiertos en ese último y silencioso grito. Su piel estaba pálida como la tiza, sin rastro de color, con las venas oscuras ba...

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