Darío III

SAGE

Durante unos cuantos latidos, todo fue humo y polvo. El pecho se me agitaba mientras contemplaba al dragón inmóvil, desparramado sobre el campo; su forma, antes majestuosa, se apagaba ahora bajo el resplandor del sol. Los brazos me temblaban, mi magia se adelgazaba hasta quedar en hilos.

Por ...

Inicia sesión y continúa leyendo