Darío IV

SAGE

A Darius no le hizo gracia mi broma, mi apodo para él.

Gruñó como el animal que era —un sonido profundo y resonante que vibró a través del suelo— y se abalanzó.

Chocamos.

De mis manos estalló fuego; sus garras lo enfrentaron con una fuerza y una velocidad que no deberían pertenecerle a ning...

Inicia sesión y continúa leyendo