paseo nocturno II

ADAM

Ella se detuvo.

No de golpe, no sobresaltada, sino con una quietud medida que hizo que la noche se inclinara más cerca, como si el mundo mismo se hubiera detenido para ver qué pasaría después.

Yo también me detuve, y sin darme cuenta apreté con más fuerza su mano.

Durante un instante, simpl...

Inicia sesión y continúa leyendo