capítulo 156

La voz de ella tenía esa misma gentileza enloquecedora—como si estuviera hablando con un extraño que le hubiera pedido direcciones. Indiferente. Distante.

Sin enojo. Sin lágrimas. Sin defensiva.

Solo... nada.

Sentí algo caliente y agudo retorcerse en mi pecho.

—¿Qué, ni siquiera te vas a defender?— ...

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