capítulo 30

Desde el punto de vista de Emma:

Caminaba de un lado a otro en la sala, incapaz de quedarme quieta.

Mis manos alisaban arrugas imaginarias de mi suéter por tercera vez. Cuarta vez. Había perdido la cuenta.

Tranquila, Emma. Todo va a estar bien.

La abuela estaba sentada en su silla de siempre junto...

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