capítulo 80

El salmón se derretía en mi lengua—perfectamente sellado, con el toque justo de limón y eneldo.

—Sí—dije, incapaz de contener la sonrisa que tiraba de mis labios—. Mi antiguo supervisor me contactó y me ofreció un proyecto.

—Eso es maravilloso—Daniel se inclinó sobre la mesa para servirme más sopa e...

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