El esclavo demoníaco

—¡Aiden! ¡Aiden!— gritó un hombre rubio con pasos bruscos a través de los arbustos.

Seguía gritando el nombre del heredero al trono del Reino de Fotia. El reino que se erige en la tierra que perteneció a los demonios del infierno. Habían pasado 30 metros desde que dejó su caballo junto al gran árbo...

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