Capítulo 2 Aquí correrá sangre #1

Débora

–Señor Barret lo siento, perdí los estribos.–El auto control se me fue por el caño–

–Sácame de aquí papá.–Ella súplica entre mimos pero él, se enfoca en mi rostro. La agarra por los hombros para mirarla a los ojos–

–¿La golpeaste?.

–Ella, ella, ella me provocó, y ella también me golpeó, papá, quiero que la despidas.

–Madison sal de aquí.

–¿Qué?.–Susurra Madison totalmente incrédula y no es la única–

–Sal.—Ella me mira con una sonrisa. ¿Será que él me va a despedir?.

Madison sale, él recorre mi rostro, acaricia la mejilla del golpe. Los nervios me entran, no sé porqué me pongo así cuando me mira o me toca de esa manera–

–En verdad lo siento, me sacó de mis cabales. Prometo no volver a golpearla.

–Lo sé, te conozco, Débora.

–Si quiere despedirme lo entiendo.

–Prefiero desheredar a Madison.–Nos reímos a carcajadas–

–Gracias por la confianza, señor.

–Débora, eres mi capitán, sin tí, este barco se unde.–Exhalo lentamente, permitiéndome un momento de tranquilidad. Siempre es lo mismo con esa niña, que pesadilla–

–A veces pienso que disfruta vernos discutir.

–Inmensamente.–Lo dice de una manera tan sensual que siento un calor involuntario alojarse en mi entrepierna. Se ríe. ¡Débora por Dios!, es tu jefe, estás comprometida, osea te casas en una semana. No te puede gustar tu jefe. No puede. Pero esa voz ronca y profundamente seductora, me pone pendeja al instante. El sonido de su risa es delicioso como un whisky añejo. Mi favorito–.

¿En serio le dijiste? "Manejas tu cuenta de Instagram", ni siquiera eso sabe hacer. Eres la única persona que pone a mi hija en su lugar sin que termine amenazando con demandas o llamándome para quejarse durante dos horas.–Usa un matiz inconfundible de diversión que me hace sonreír también—

–¿Escuchó todo?.—Afirma sonriendo. Me aclaro la garganta–.Con todo respeto, señor, Madison es insoportable.

–Tienes razón. Creo que siempre la tienes. Lamentablemente me perdí dándole todo y ahora, estoy sufriendo las consecuencias, gracias por ayudarme a ponerla en su lugar.

–A su orden, señor..—Él se aclara la garganta, yo también y es que eso sonó muy.. Uff—

–¿Tienes un momento libre?. Necesito que revises algo. Los abogados dicen que está todo en orden, pero...

–Señor Baret ¿Eso quiere decir que usted confía más en mi criterio que en el de sus abogados?.–Sé que confía en mí, por eso me consulta, pero ya se le volvió costumbre—

–Sabes que sí.

–¿Lo hacemos aquí o prefiere que suba?.

–Sube, allá tengo algo importante que mostrarte. Y Débora...—Hace una pausa—.Trae café. El tuyo, no esa porquería que preparan en la cafetería.–Afirmo. Sale de mi oficina.

Preparo dos espressos dobles, uno solo para mí, otro con un toque de crema de avellana para él. Mientras el aroma del café recién hecho inunda mi nariz, la palabra que Madison me escupió con veneno, se repite en mi cabeza. »Prescindible«—

–Lo admito, esa palabra me dolió.. Pero no es así, si lo fuera , no me estaría esperando para recibir mi ayuda.—Tomo las dos tazas de café y salgo de mi oficina, saludo con un gesto cariño a Betina, mi asistente, que me devuelve una sonrisa cómplice.

El elevador privado al piso 10 se abre, entro y presiono el botón.

El elevador abre las puertas directamente a la antesala de la oficina del CEO Oscar Barret. Mi jefe, mi tormento.

Renata Vargas, la asistente personal Oscar, levanta la vista de su escritorio. Ella es pura eficiencia y discreción—

–Señorita Jensen.— Saluda con una leve inclinación de cabeza—.El señor Barret. Canceló su videoconferencia con Tokio.

—Siento un peso en el estómago. Oscar nunca cancela llamadas internacionales—

–¿Sabes de qué se trata, Renata?.—Ella mira para todas partes, y por un microsegundo, su máscara profesional cae al suelo mostrando preocupación genuina—.El proyecto en Dubai. Problema con los inversionistas saudíes.—Aprieto los labios. Es el proyecto estrella, un rascacielos residencial de lujo de 90 pisos que será el edificio más alto que hemos tenido la oportunidad de hacer. Si los saudíes se retiran, todo se derrumba. Por eso me pidió que lo revisara—

–Gracias, Renata—Ella presiona el botón bajo su escritorio y las puertas dobles de la oficina de mi jefe, se abren.

La oficina de Oscar Barret, es igual a él, elegante y sofisticada, su decoración demuestra perfectamente su gusto exquisito. ¡Dios!, él no debería de ser tan devastadoramente atractivo. Cabello oscuro, peinado con elegancia, sus ojos color gris antracita con matices verdes, que lo hacen ver... Muerdo mi labio cuando me fijo en que lleva el traje Brioni azul marino de tres piezas que le queda de infarto.

El aroma de su exquisito perfume, me deja sin aliento. Todo en el grita poder, ricura y eso es demasiado peligroso, para mí. Creo que tendré que renunciar—

–Débora...—Dice al voltear, con esa voz que me..—.Entra y cierra la puerta.—Obedezco, sintiendo el peso de su mirada siguiendo cada uno de mis movimientos.

Coloco su café frente a él, exactamente donde siempre lo pongo, en el centro. Cierro la puerta—

–Espresso doble con crema de avellana.—Le digo—.Como le gusta.—Él toma la taza, bebe un sorbo largo, y cierra los ojos brevemente en apreciación—.Perfecto. Como siempre.—Asiento, ignorando ese algo en su tono de voz, esa calidez que rara vez muestra con otros empleados, eso, que hace que mi estómago se contraiga de una manera que no quiero analizar—

–Siéntate.—Ordena, señalando una de las sillas de cuero italiano frente a su escritorio. Me siento cruzando las piernas con la elegancia que no dejo en ninguna parte, sostengo mi propia taza—

–Renata mencionó que canceló la llamada con Tokio. ¿Qué pasó?.—Deja su café y gira su monitor hacia mi. En la pantalla, un correo electrónico en árabe con traducción al inglés adjunta. Leo rápidamente, con cada línea, me da taquicardia—.¿El Sheikh está preocupado por los "rumores de inestabilidad financiera" en Technosfera. ¿Qué rumores?.

–Para esto es por lo que he hice venir, necesito que averigües qué está pasando. Perdón, te pongo mucho trabajo, pero solo confío en tí para esto. Bueno, para todo. Nestor está celoso de tí.—Sonrío, se acerca—.Alguien está filtrando información. O peor, inventándola.—Siento un escalofrío recorrer mi espalda—

–¡Dios!, si esto se llega a la prensa afectará la empresa y a los nuevos proyectos.—Me preocupo más—

–Sí.—Se inclina hacia atrás —.Necesito que uses tus contactos en contabilidad forense. Es la única forma de descubrir quién está haciendo esto.—Afirmo, con la mente trabajando a toda marcha. La puerta se abre. Me volteo–

–¿Ya la despediste?.

–Madison, Débora no irá de esta empresa.

Nunca. Y no quiero que vuelvas a meterte con ella.–La chica me echa mi café encima, sigue un poco caliente, se mete en mi entrepierna. No veo cuando agarra el abre cartas, solo cuuando lo coloca en mi garganta, el terror me invade–

–Se irá, o aquí mismo morirá.–Agarro el tacón de mi zapato y se lo coloco en el ojo derecho, aquí correrá sangre pero no solo la mía.

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