Capítulo 4 Dónde duele el alma #1
Débora
Tranquilo, bebé, todo está bien, no necesitamos a este traidor en nuestras vidas. Intento irme, pero la risa burlona de Madison me detiene.
Le demostraré quién soy.
Sonrío con todo por dentro quebrándome como si una prensa hidráulica se hubiese vuelto loca y le diera por demolerme por adentro.
—Tranquilos, chicos, terminen. Derek, no la dejes insatisfecha. Aunque eres experto. Eso no es de hombres.—Ella estalla en risas.
—Típico de ti, te haces la ruda, sé que esto te afecta demasiado, no finjas, Débora, te duele que Derek te engañe, y conmigo.
—Mm...—Le hago creer que lo medito y sonrío más.
—No podría, mi regalo de cumpleaños se cumplió, es que le pedí a Dios que quitara esta alimaña de mi camino si no era el indicado y lo hizo.
—¿Alimaña? —pregunta dolido, ofendido.
—Sin ofender a las alimañas.—Vuelvo a reír.
—Amor —dice Madison, y me río a carcajadas—.No, no te rías, nos amamos y nos vamos a casar.
—Dejo de reír y lo miro.
—¿Cierto, amor? —le pregunta ella, toda melosa.
—S-sí, lo nuestro terminó, Debi, me caso con Madison.—No respiro, algo presiona mis pulmones.
—Oh, amor, seremos felices.—Le aplaudo y vuelvo a reír con las lágrimas al borde de mis ojos, que no dejaré salir.
—¡Bravo, Madison, te compraste un nuevo juguete, te felicito! ¡Y tú, Derek! Un billete de lotería.—No borro mi sonrisa.
—¡Deja de hacer el ridículo fingiendo que no estás dolida, Débora! Llevamos meses juntos.—Siento que el despacho se mueve. Cierro los ojos un momento.
—¿Meses?—Mi voz se quiebra sin mi permiso.
—Debi, por favor, déjame explicar...
—¿Explicar... ya para qué?, ¿todas tus excusas eran follar con esta niña mimada?
—No la llames así.—Y la defiende el muy hijo de puta.
—Débora... Derek y yo tenemos algo real. Algo que tú nunca podrías darle.—Me río a carcajadas otra vez.
—¿Real, Madison? Tú no sabes el significado de esa palabra.
—Sé que Derek no te ama. Me lo dijo.—Derek palidece.
—Madison, no...—Él intenta que no hable.
—Dijo que estaba contigo por conveniencia.—Ella lo interrumpe con sus ojos brillando en pura crueldad—.Por tu posición en la empresa de mi padre. Porque sabía que estar contigo lo ayudaría en su carrera.—Cada palabra es una cuchillada en mi corazón.
—Eso no es del todo cierto —murmura él.
—Oh, pero lo es.—Ella lo abraza, colocando la cabeza en su pecho.
—Él me lo contó todo, que eres demasiado controladora y frígida. Nunca tenías tiempo para él porque estás obsesionada con tu trabajo.
—Madison, por favor. Basta —le exige él. Siento las lágrimas quemando mis ojos, me arde la nariz.
—Dos años, perdí dos años de mi vida contigo.
—Debi...—Él intenta acercarse.
—No te atrevas. —Lo detengo en seco. Madison se ríe, y siento que su risa es como hielo congelando mi cuerpo lentamente.
—¿Sabes qué es lo más patético, Debi?, que realmente pensaste que eras especial. Que alguien como Derek, guapo, con futuro, querría estar con una mujer que prácticamente vive en su oficina.
—¡Madison, suficiente!
—¡No, Derek! Ella necesita escuchar esto.—Lo interrumpe nuevamente, luego me mira—.¡Necesita entender cuál es su lugar! No eres dueña de mi empresa. No eres parte de mi familia. Eres una empleada glorificada que se cree más de lo que es.
—¿Y tú qué eres, Madison? Una niña mimada que solo sabe gastar el dinero de papi, que necesita destruir lo ajeno porque no tiene nada propio.
—Madison me empuja demasiado fuerte, pierdo el equilibrio, la esquina de la mesita me da justo en el vientre. No, no, no! ¡Mi bebé! Debo ir al hospital. Tiemblo de rabia, de dolor, de impotencia. Su sonrisa maléfica es más grande.
—Tengo lo que importa. Tengo el apellido. El dinero. Y ahora tengo a Derek.—Se gira hacia él—¿Verdad, amor?—Derek abre la boca, cierra los ojos y asiente.
—Wow... Eres aún más patético de lo que pensaba.—Me mira con dolor, ella se enoja, le quita el anillo de nuestro compromiso y me lo tira en la cara.
—Nuestro compromiso se cancela, Débora —dice él sin mirarme, y me río a carcajadas otra vez.
—Claro que sí, ¿creías que después de saber que has estado dentro de esta muñeca artificial, estaría contigo nuevamente?, ni siquiera era necesario mencionarlo.—Me muevo para salir de aquí e ir al hospital.
—Ridícula, esta artificial te ha quitado el novio.—Su sonrisa de triunfo me da asco.
—Disfruten su victoria, les juro por Dios que me la van a pagar.—Salgo del despacho, de la casa.
Camino rápido para llegar a mi auto, necesito ir al hospital y... no puedo llorar aquí, no puedo darle el gusto de verme humillada, derrotada y herida.
Choco de frente con alguien...
—¿Débora?...—Lo miro, sus ojos se entrecierran, me mira confundido y lo que quedaba por romperse dentro de mí estalla como una bomba termonuclear. El llanto desgarrador me ahoga. Me abraza fuerte contra su pecho—.¿Qué sucede?, ¿qué pasa?, ¿por qué lloras así? Oh, por Dios, ¿quién te hizo daño para que estés así?—Toma mi cara entre sus manos, escanea todo mi rostro mientras no dejo de sollozar—.Respira, respira, por favor. Dime, ¿qué tienes?
—Madi... son... Derek...—Él aprieta su mandíbula, entendiendo.
—Quédate aquí.
—No... Oscar, no vale la pena...—Mi garganta se cierra, mis piernas no funcionan, pero me muevo para llegar al auto.
—No sé qué está pasando, pero no puedes irte así.—Me safo de su agarre.
—¡Débora!—No respondo, solo quiero salir de aquí e ir al hospital.
Estaciono mi auto en la entrada de emergencias.
—¡Ayuda, por favor!—Una enfermera se acerca a mí.
—¡¿Qué le pasa?!
—Mi bebé, me empujaron, la esquina de la mesita me dio muy fuerte y...—Sangre comienza a bajar por mis piernas—.¡Aah! ¡No, no, no! ¡No quiero perderlo, no quiero perderlo!
—Débora...
—¡Oscar, diles que salven a mi bebé! Qué...—Todo se oscurece.
•••
—Señor Barrett, el golpe fue muy fuerte. El bebé murió al instante.
—No, no, ¿por qué?, ¿por qué?, mi bebé.—Mis palabras se ahogan junto a mi llanto.
—¿Íbamos a tener un bebé?—Lo miro, no puedo creer que esté aquí.
—¡Sal de aquí, maldito desgraciado!
—Debi, ¿por qué no me dijiste?
—Oh, pero te lo iba a decir hoy, y mientras te esperaba, estabas follando con Madison en el despacho de mi jefe.
—Debi...
—¡Largo!
—No, vamos a hablar.
—¡Largo, te dije!—Se va.
—Usted también, señor Barrett.
—Débora, yo...
—Váyase.—También se va, dejándome con el doctor que me explica todo lo que pasó con mi bebé.
—No haga ningún esfuerzo físico.
—¿Puedo irme?.—Asiente. Me da más indicaciones.
Me subo a mi auto.
Perdón, bebé, te perdí por orgullosa, por una estúpida discusión, perdóname, por favor.
Llego a mi edificio. El ascensor me lleva al tercer piso, a mi departamento. Me duele la cabeza y los ojos de tanto llorar.
Al entrar me quito todo y me entro a la ducha.
El agua fría no cambia nada, sigo llorando, rota, llena de un dolor que no sé cómo lidiar. Limpio mis lágrimas cuando la risa sádica y burlona de Madison llena mi cabeza. Algo en mí se oscurece al recordar que llevan meses juntos. El dolor no me deja respirar y en lo único que pienso es en... Venganza. Mi dolor clama venganza, mi alma clama venganza, y se la daré.
