Capítulo 5 Mi venganza apenas comienza
Débora
Me baño de pies a cabeza, salgo y me envuelvo en una bata de baño, me miro al espejo. Obtendré venganza, los dos sufrirán lo mismo que yo estoy sufriendo ahora.
«¡Necesita entender cuál es su lugar! No eres dueña de mi empresa. No eres parte de mi familia. Eres una empleada glorificada que se cree más de lo que es».
«Mi amor, te amo mucho, te juro que conmigo tendrás todo, todo... ¡Ah!, ¡más duro, más!»
Sus palabras se reproducen en mi cabeza como un puto trailer de terror psicológico y siento como si alguien me abriera el pecho con una daga.
—¡Aaah!... ¡Maldita moscosa desgraciada, te haré tragar tus palabras! ¡¿Qué no soy qué?!, ¡yo te voy a demostrar lo que soy!
El error de ambos fue subestimarme, les enseñaré quién manda aquí. Quién tiene al toro por los cuernos.
Tomo mi computadora, entro las claves y busco lo que me interesa.
Archivo... «Nanotecnología de sexta generación "NanoMatrix-6"».
—Con esto, Madison, me vas a pagar todo, y tú... Derek. Sé que el dinero te motivó a hacerme esto y te quedarás sin nada, yo me ocuparé de eso. Los dos me pagarán caro este dolor.
Leo mientras le doy a la impresora y voy al minibar, tomo una botella de mi whisky añejo, mi favorito, me pego de la botella hasta que dejo de respirar... Me ahogo, pero me recupero y vuelvo a la botella.
Cinco minutos después suena el intercomunicador.
—Señorita Jensen, el señor Barrett está aquí.
—Jajaja, no puede ser.
—Dígale que pase.
Miro por la cámara para abrirle cuando esté en el portón de abajo.
Sube, lo espero con la puerta abierta, una sonrisa y mi botella en la mano.
—¿Johnnie Walker Black Label?...
Afirmo.
—¿Estás loca? Tienes medicamentos en tu...
—Mi favorito, ¿desea un poco? —lo interrumpo.
Afirma, ignoro lo demás. Se nota en sus ojos que está furioso y creo que hasta estuvo llorando. Vierto whisky en un vaso con hielo.
—Débora... Yo...
—Siéntese, señor Barrett, lo va a necesitar.
—¿Disculpa?
Le entrego su trago, voy por los papeles a la impresora. Me siento frente a él y se los entrego.
—¿Qué significa esto, Débora?, ¡¿cómo consiguió estos documentos?!
Su tono cambia al instante.
—Oscar, a usted se le está olvidando que soy la que maneja su empresa, y como tal puedo conseguir lo que desee.
Sonrío y el pánico en sus ojos me indica que conseguiré lo que quiero.
—Esto es por lo que le hizo mi hija, ¿verdad?
Afirmo.
—Si me estás mostrando este documento, el cual puede acabar con mi empresa y, por ende, con mi vida, es porque desea algo. ¿Qué es, Débora? —pregunta furioso.
—Quiero que se case conmigo, señor Barrett.
—¿Qué? —pregunta indignado y más furioso.
—Si no acepta, lo voy a llevar a la ruina y lo disfrutaré.
Su rostro se endurece. Mira los documentos y luego a mí, nos miramos fijamente y observo cómo esos ojos grises se prenden en ese fuego devastador de cuando está sumamente furioso.
—Débora, por favor, no me hagas esto.
—Lo siento, pero necesito ser su esposa.
—¿Por qué?
Su voz es un susurro.
—¿Por qué no solo arruinarme?
Porque quiero que Madison vea cómo su madrastra se adueña de lo "suyo". Quiero ver a Derek arrastrándose por el dinero que cree que es de Madison, pero que será mío y que no permitiré que ni siquiera lo huela.
—Señor Barrett... No estoy bromeando, esto no es un juego. Acepte mi oferta o...
Resopla enfurecido.
—Acepto —dice, su rostro no cambia—. Mi hija necesita un escarmiento y yo necesito que esto nunca en la vida salga a la luz. Así que destrúyalo, Débora.
—Lo haré cuando su firma ante un juez acredite que soy su esposa.
—¡Esto es peligroso, carajo, si llega a manos equivocadas...!
Se queda callado cuando comienzo a recoger todos los papeles y a echarlos en la chimenea, luego la prendo, el fuego consume todo. Son solo las copias impresas.
—Nos casaremos en una semana, señor Barrett, me convertiré en la dueña y señora de Tecnosfera Constructora y de su fortuna, de paso.
Sonrío.
—¿El mismo día de tu boda con Derek? Eres brutal.
—Aprendí del mejor.
Lo señalo. Asiente con su rostro frío, duro como concreto.
—Entonces... Su chantaje funcionó, señorita Jensen.
Extiende su mano.
—Trato hecho.
La estrecho. Su mano es cálida, firme. Mucho más grande que la mía.
—Tengo una condición —dice sin soltarme.
—¿Cuál?
—No puedes echar a Madison. Ni maltratarla físicamente. Es mi hija.
La necesito dentro, es imposible que la eche.
—Acepto. Pero no prometo ser amable.
—Lo entiendo. Si necesitas unos días para...
Me río.
—Claro que no.
—Pero...
—Nos vemos mañana en la empresa, futuro esposo.
Afirma mirando mi computadora.
—Está a salvo, aún después de la firma que me acredite como su esposa, señor Barrett.
Me da una última mirada la cual no quiero descifrar. Se va sin decir nada más, me pego a la botella y entonces me doy cuenta... Acabo de chantajear a mi jefe para que se case conmigo. Pero aun así...
Brindo por mi boda con el suegro de mi ex.
•••
Una semana después...
—Yo los declaro marido y mujer —dicta el sacerdote.
Oscar y yo caminamos por el pasillo hacia ellos, aplaudiendo.
—¡Felicidades a los novios! —grita Oscar.
La sonrisa de Madison es hermosa al ver a su padre, pero al verme se paraliza.
—Papá... me hace feliz verte aquí, gracias por venir, te amo.
—Sí, hija mía, aquí me tienes —le sonríe—. Estás demasiado hermosa. También te amo.
Le besa la frente.
—Papi. ¿Por qué trajiste a tu secretaria? Sabes el problema que tenem...
—Ella no es mi secretaria, Madison —la interrumpe—. Es mi esposa.
Los murmullos estallan, creo que Derek deja de respirar o le está dando una embolia, está más rojo que un tomate maduro. Se sostiene del sacerdote, a Madison le da un ataque de risa.
—Jajaja, ¿papá? Jajaja, ¿pero qué dices?
—¡Señoras y señores, hoy no solo celebramos la boda de mi hermosa hija, también la mía con mi directora de operaciones, desde hoy y hasta que la muerte nos separe, esta preciosa mujer es la señora Barrett!
Todos aplauden, los flashes nos terminan de cegar, las preguntas llenan la iglesia y yo sonrío a las cámaras.
Madison se desmaya, Derek no la atrapa, cae como un saco de papas. Lo miro con la sonrisa más grande y triunfal que jamás tuve.
Lo logré... Soy la esposa del suegro de mi ex y madrastra de la mujer que arruinó mi vida.
—¿Qué está pasando? —susurra Derek, mirándome fijamente.
Sonrío.
—Oh, nada, solo que desde este instante soy tu suegra.
Niega efusivamente. Me río.
—Pero puedes llamarme mami si deseas.
Oscar despierta a su hija y la ayuda a levantarse, aterrorizada me mira, yo le sonrío de la misma manera que ella lo hizo conmigo hace una semana. Me acerco a su oído, fingiendo que la ayudo a ponerse de pie.
—Oh, mi querida hijastra, respira, esta venganza apenas comienza.
Ella tiembla, sus piernas no la sostienen. ¿Qué hará cuando estemos los cuatro viviendo en la misma casa?
