Capítulo 37 El parpadeo

Zara

Mis ojos se abrieron lentamente al débil olor de tomillo y ungüento de raíz amarga. El techo sobre mí era de piedra gris, el sol de la mañana se filtraba a través de las ventanas altas de vidrio. Parpadeé, desorientada, mis extremidades se sentían pesadas por el sueño.

—Está despierta— murmur...

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