Capítulo 50 En el banquillo

Zara

No podía sacar de mi cabeza el recuerdo de ese beso.

No importaba cuánto intentara enterrarlo bajo capas de deberes, planchado de uniformes o el interminable parloteo sin sentido de mis compañeros, seguía resurgiendo. Persiguiéndome en los momentos tranquilos entre las campanas del amanecer y...

Inicia sesión y continúa leyendo