Capítulo 27 Con esas zorras hay que usar otras medidas.

Maximiliano dejó las llaves sobre la mesa del recibidor muy despacio, conteniendo la rabia.

—Esa es mi habitación.

—Antes también era la mía —replicó ella con una sonrisa.

Se levantó del sofá despacio. La bata se le abrió un poco al caminar, y Maximiliano supo que no era casualidad. Lorena nun...

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