Capítulo 19 Las marcas del superviviente

La quietud en la parte trasera del sedán era un hilo tenso, a punto de romperse bajo el peso del silencio que yo había impuesto. El aire acondicionado seguía soplando su ráfaga helada, disipando los últimos restos del calor carnal y el olor a pecado que habían inundado el habitáculo minutos antes...

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