Capítulo 35 Nadie la puede tocar

Dmitriy

El eco del portazo en la segunda planta aún resonaba en mis oídos mientras bajaba las escaleras. La sangre me hervía en las venas con una violencia arrolladora, pura y corrosiva.

Esta sensación era peor que cuando  un maldito me traicionaba haciéndome perder demasiado dinero o mercancía.

Mi ...

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