Capítulo 4 ¿Es él?

Kattya

Cinco años… Cinco años es el tiempo que me tomó reconstruir los pedazos desgarrados de la chica que una vez se arrodilló, rota y destruida, en el pasillo frío de un hospital al perder a la persona más importante de su vida. Cinco años desde que mi padre cerró los ojos para siempre y el dinero de mi propia alma vendida se convirtió en cenizas en mis manos… 

Dejé mi país con el corazón completamente roto, jurando que jamás volvería a permitir que la vulnerabilidad decidiera por mí, porque sí, la desesperación me hizo tomar decisiones que hoy siguen en mi cabeza, porque por más que quise olvidar… muchas veces es imposible. 

 Me refugié en Italia, enterrándome en mi pasión por el diseño, convirtiendo cada trazo y cada tela en un escudo contra el dolor. 

Tuve que refugiarme en los recuerdos, en los momentos y en el tiempo que tanto necesitaba para entender que eso era lo que la vida había escogido. Mi madre… ella continuó con su vida mucho más rápido que yo, y aunque me cuestioné muchas veces eso, aprendí que ya no importa. 

 Fue allí, en mi nuevo hogar que donde florecí, donde me convertí en la mujer independiente y fría que la vida me obligó a ser. Y fue allí también donde conocí a Nikolay. El amor de mi vida. 

Nikolay llegó a mi vida como un torbellino de atención, elegancia y un toque de peligro que en su momento me pareció magnético. 

Era atento, ambicioso y poseía una intensidad que me atrapó indiscutiblemente. Cuando me pidió matrimonio hace un año, acepté creyendo que finalmente había encontrado la estabilidad que me fue arrebatada.  

Y eso, al menos la mayor parte del tiempo ha sido así. 

—¿Estás lista, hermosa? —la voz de Nikolay interrumpió mis pensamientos mientras terminaba de abotonar la manga de su camisa frente al espejo de la habitación.

Me miré una última vez en el espejo, estaba perfecta… y demasiado nerviosa. Convencida de que todo esto era por el bien de nuestro matrimonio y que tal vez yo necesitaba dar un poco más… y bueno, aquí estoy dando más intentando que funcione como antes. 

—Estoy lista —respondí, intentando que el nerviosismo no se notara en el tono de mi voz.

Había accedido a este viaje solo porque Nikolay insistió en que ya era momento de presentarme oficialmente ante su familia tras doce meses de matrimonio, nos casamos en Europa solos y en el fondo lo entiendo, aunque a mi no me apetecía mucho volver, tener tan cerca a mi madre, volver a intentar entablar una relación con ella… son cosas que no me han dejado dormir bien. 

 Nikolay no conocía los detalles de mi rencor hacia ella, solo sabía que estábamos distanciadas. 

—Te ves hermosísima, definitivamente mis padres te amaran tanto como yo te amo.

—¿Eso crees?

—No tienes de qué preocuparte —dijo Nikolay, acercándose a mí por la espalda. Deslizó sus brazos alrededor de mi cintura y pegó su pecho a mi espalda, depositando un beso en mi cuello—. Mi madre puede ser un poco difícil y mi tío un dolor de cabeza, pero te amaran. A quien realmente debes impresionar es a mi padre. Su opinión es la única que importa en esta familia.

Sentí una punzada de incomodidad ante la mención constante que Nikolay hacía de su padre. Durante todo nuestro noviazgo y matrimonio, Nikolay habló de su padre con devoción, temor y una aplastante necesidad de aprobación. 

Sabía que su padre era un importante y temido empresario ruso, pero Nikolay siempre mantuvo los detalles de los negocios familiares en una reserva casi obsesiva.

—Tu padre no me asusta, Niko. Cuando se dé cuenta tanto él como los demás que te amo, y que nos casamos a solas porque así lo decidimos, no nos pondrán problema y me aceptarán como una más de su familia —dije con firmeza, girándome entre sus brazos para acomodarle la solapa del saco.

—Mi amor…—sonrió él, con una chispa de arrogancia brillando en sus ojos azules—. Dmitriy Volkob no es un hombre común, Kattya. Es el rey de nuestro imperio. Pero cuando te vea a mi lado, sabrá que he elegido a la mujer perfecta.

Asentí y pocos minutos después llegaron por nosotros, el auto negro de cristales blindados nos llevó a través de las afueras de la ciudad hasta adentrarnos en una propiedad monumental. 

Observé todo con cautela, especialmente al ver la entrada del lugar custodiada por hombres armados con trajes oscuros y miradas severas. Aquello parecía más un batallón militar que una residencia familiar, lo que hizo que una sutil alarma se encendiera en el fondo de mi mente.

Nikolay tomó mi mano con fuerza, apretándola con un orgullo que nunca le había visto, mientras subíamos los amplios escalones de la entrada. Uno de los empleados nos abrió las puertas y nos guió hacia la sala principal. 

El lugar era majestuoso, de eso no había duda. No obstante, había una alerta en mi cabeza que seguía encendida. 

En la sala ya se encontraban varias personas. Reconocí de inmediato a una mujer rubia, de postura impecable y rostro perfecto, Yelena la madre de Nikolay. Era la única persona que me mostraba en fotos. 

—¡Nikolay! —exclamó Yelena, avanzando con pasos llenos de elegancia para abrazar a su hijo, aunque sus ojos azules cayeron de inmediato sobre mí con una inspección minuciosa y crítica—. Así que esta es la jovencita con la que decidiste casarte en secreto… y a la que por fin te dignas a traer.

—Mamá, te presento a Kattya, mi esposa —dijo Niko con voz firme, sin soltar mi mano—. Kattya, ella es mi madre, Yelena y él, el que está al fondo es mi tío. 

—Un placer —dije, sosteniendo la mirada helada de Yelena sin dar un solo paso atrás. La mujer enarcó una ceja, claramente sorprendida por la falta de sumisión en mi voz. 

—El placer es nuestro, querida —intervino su tío con una sonrisa falsa que no le llegaba a los ojos—. Esperamos que estés preparada para lo que significa llevar el apellido Volkob.

Antes de que pudiera responder, el ambiente en la habitación cambió drásticamente. El aire pareció volverse más denso, pesado, cargado de una tensión que hizo que incluso Niko enderezara la espalda al instante. Unos pasos firmes y pesados resonaron desde el pasillo principal.

—Llegan tarde, Nikolay —retumbó una voz.

Esa voz.

Aquella voz grave, profunda, dominante y desgarradora que vivía atrapada en mis pesadillas y en los rincones más oscuros de mi memoria. Esa voz que por más que quiero, no he podido olvidar.

El pulso se me detuvo en el pecho. Sentí cómo la sangre se me congelaba en las venas mientras el mundo a mi alrededor parecía perder el sonido. Lenta, muy lentamente, giré la cabeza hacia las escaleras principales.

Bajando con una elegancia peligrosa y una presencia abrumadora estaba él.

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