Capítulo 75 Odio y desesperación

Dmitriy

Horas antes

Mis manos temblaban de rabia contra el volante mientras el velocímetro de la camioneta marcaba cifras suicidas en medio de la lluvia.

—¡Acelera, maldita sea! —le rugí a Maksim, quien sujetaba el manubrio con los nudillos blancos.

Cinco minutos antes, mientras estaba a varias call...

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