Capítulo 10 El ascensor y el grito

—Bien —dijo Damián, con la voz un poco más ronca de lo habitual, apartando la mirada de los papeles—. Pediré que te lleven los archivos a tu escritorio. Puedes salir de mi oficina.

Camila asintió, recogiendo sus documentos con una calma exasperante.

—Gracias, señor. No lo molesto más.

Se dio medi...

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