Capítulo 20 Recuerdos que se desvanecen

La luz del sol golpeó el rostro de Damián como una bofetada. Abrió los ojos con un gemido, sintiendo que un martillo le taladraba la sien. Su boca sabía a ceniza y a whisky barato. Se incorporó en el sofá de cuero, con el cuerpo entumecido y la camisa aún abierta. Miró a su alrededor, desorientado.

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