Capítulo 1 prologo
El eco de mis tacones fue lo único que se escuchó en el lugar, abrí la puerta de mi casa y no entendía porque solo se escuchaba silencio. El lugar que siempre estaba lleno de voces, risas forzada y el ruido de la vida acomododada que tenía no se escuchaba por ningún lado. Un silencio espeso, casi hostil me recibió como si quisiera decirme que algo había pasado.
—¿Papá? — Llamo, avanzando entre las luces apagadas, finalmente llego a su despacho, donde veo una nota sobre este.
“No puedo volver a esa vida, no esta vez, perdón”
La fina y sutil letra de mi madre me deja sin habla, ¿de qué está hablando y donde está mi padre?
Me muevo por el lugar buscando una señal que me diga donde está mi padre, pero no hay señales de él. Observo un sobre en el gran estándar de su despacho y lo tomo, abro el sobre y gimo cuando veo fotos de mi madre, esta con otro hombre saliendo del hotel más lujoso de la cuidad, no lo puedo creer, estaba engañando a mi padre.
¿Se fue, nos abandonó?, ¿de eso hablaba su nota?, ¿qué es todo, esto?
Salgo corriendo del despacho para ir a buscar a alguien en la casa, pero el sonido de la puerta me hace detenerme en ella y ir hasta allá. Abro la puerta y me encuentro de golpe con nuestro vecino.
—Señorita…vinieron por su padre, no sé quiénes eran, pero lo acusaban de cosas horribles, parecía algo serio.
Las palabras de ese hombre retumban en mi cabeza
— ¿se lo llevaron?, ¿quiénes?, ¿porque?
En ese instante, el teléfono en mi bolsillo trasero vibró con una insistencia siniestra.
Lo desenterré con dedos temblorosos, la esperanza hecha un nudo en el pecho.
—¿papá? —pregunto, pero al otro lado solo escucho una respiración, hasta que por fin hablan.
—Soy yo, Charlotte —suspiro de alivio cuando descubro que es Jordán.
—Dios, amor, eres tú, no sé qué esta…
—Silencio —su voz cortó el aire como un cuchillo—. No quiero oírte. Se acabó.
—¿Qué…?
El sonido que salió de mi garganta fue más un jadeo que una palabra.
—Tu familia es un barril de pólvora, Charlotte. No pienso quedarme cerca cuando explote. No me busques más.
La llamada terminó.
Un pitido agudo quedó pegado a mi oído, el vacío resonando en el espacio que antes ocupaba su voz.
En cuestión de minutos lo he perdido todo, mi familia, mi novio , mi seguridad, mi hogar, no se que está pasando, ni sé que paso con mi padre, pero la vida que había conocido, acababa de desaparecer.
