Capítulo 2 capitulo 1
Charlotte
Después de enterarme de que mi padre era un asesino y estafador mi vida se vino abajo, nos quitaron la casa y los hoteles fueron decomisados por el estado, estaba en la calle y sola, porque después de ello no supe más de mi madre, se largó, pero lo agradecía, lo que menos quería era tenerla cerca, era una maldita traidora, no sé cuánto tiempo llevaba siéndole infiel a mi padre.
Suspiro entrando en la casa rodante en la que ahora vivo, soy una pobretona, no tengo un centavo, llevo seis meses comiendo de la basura y viviendo del poco dinero que pude reunir vendiendo algunas de mis cosas, con eso pude comprar este remolque.
Intente buscar trabajo, pero no tengo experiencia en una mierda y nadie me ha querido contratar.
—Esto es una mierda, no sé cómo voy a seguir viviendo si no tengo un centavo
Salomé masticó otro caramelo, los ojos fijos en el techo corroído del remolque.
—El viejo de la tienda de la esquina busca a alguien. Paga en efectivo.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Ese hombre me mira como si ya me hubiera desnudado con los ojos. Prefiero comer cartón.
—Bueno, princesa —dijo, sentándose con un gruñido—. Aquí no hay castillos. Solo hay hambre y viejos verdes. Elige tu veneno.
—No voy a negar que fui una hija de papi, pero no pienso acostarme con un maldito viejo verde por su dinero, eso es más de mi madre, yo no soy así, papá me crio mejor.
—¿Supiste algo de ella? —Niego con un mal sabor de boca.
—No, y no quiero volver a verla en mi vida. Hoy es día de visitas, iré a ver a mi padre, puede que aún tenga algún amigo que me ayude —Asiente sonriéndome.
Salomé me prestó su auto para poder ir a la cárcel en la que tenían a mi padre, sabía que él odiaba que fuera a verlo, pero era lo único que me quedaba y lo amaba mucho para dejarlo en ese lugar.
Estacionó el auto fuera de la cárcel y bajo del auto sintiendo la mirada de todos sobre mí, siempre es así, ya estoy acostumbrada. La entrada fue la misma de siempre, después me pasaron a la sala de visitas donde mi padre ya estaba esperándome, sonrío acercándome para abrazarlo.
—Eres muy testaruda, mi princesa —Me alejo para verlo al rostro.
—Sabes que no dejaré de visitarte, eres lo único que me queda.
—Tu madre está donde tu tía, sabes que te ayudará si la buscas —gruño negando.
—No pienso hacer eso, la quiero lejos de mí, sabes lo que hizo, como puedes pedirme que la busque.
—Porque a pesar de todo sigue siendo tu madre, la ha pasado mal hija, ambas deben estar juntas, no sé cuanto tiempo pase aquí y solo se tienen a ustedes —Niego.
—Voy a buscar la manera de sacarte de aquí, no me ha ido tan mal estos seis meses —Sus ojos me observan con intriga y luego de unos minutos suspiro —. Bien, la estoy pasando horrible, vivo en las afueras de la ciudad, en un remolque que compré con las joyas que me diste. No tengo un centavo porque nadie quiere contratarme.
—No te mereces esto, hija, no puedo ayudarte aquí adentro, pero sé quién sí lo hará —Levantó una ceja en su dirección integrada por saber más.
—¿Quién si?
Mi padre inclinó la cabeza, las sombras de la sala de visitas profundizando las arrugas de su rostro.
—Hay un hombre. El que está con tu prima. Me debe algo más que un favor —bajó la voz hasta un susurro áspero—.
Una deuda de sangre. Ve di mi nombre. Es tu única cuerda en este pozo.
—Bien, pero si me jode de nuevo, voy a romperle la cara —Papá, ríe por mi forma de hablar.
—Sí que cambiaron las cosas ahora que no estoy —Asiento.
—La vida es difícil, afuera, no podía seguir siendo la misma o me iban a comer viva, odio ser pobre, pero poco a poco me acostumbré a ello.
—Ve con él, estoy seguro de que las cosas cambiarán para ti, mi amor.
Regrese a casa con las palabras de mi padre en mi mente, no tenía ahora otra opción, necesitaba un trabajo urgente, pero regresar a esa casa de la que me votaron como una basura me hacía replantearme si hacerlo o no. Observó a Salomé que no dejaba de comer golosinas como una niña pequeña.
—¿Crees que deba hacerlo? —Levantó los hombros con la boca llena de dulce.
—Ahora… es tu única opción.
—Deja de hablar con la boca llena, es de mal gusto —rueda los ojos por mis palabras — Sé que es mi única opción, pero me jode que así sea.
—Si quieres yo te acompaño, podemos romperle su nariz mal hecha de un guantazo —Niego sonriendo.
—No, creo que podemos buscar otra manera de saber a donde tengo que ir sin llegar a su casa.
—¿Y como sería? —Suspiro tomando mi móvil que es un cascarón, pero sirve para el internet.
—Buscar el nombre de la empresa del marido de mi prima, la maldita hizo que saliera el nombre por todos los periódicos —Asiente haciéndose a mi lado.
Busco el nombre de mi prima y salen las fotos y demás cosas sobre ella, es la heredera de las empresas petroleras de mi tío, el cual está muerto y su maldita esposa está derrochando su dinero a diestra y siniestra.
Busco el nombre de exnovio, pero solo dice que es un multimillonario dueño de miles de empresas en el mundo, el condenado se esconde muy bien, pero por lo menos tengo el nombre de la empresa que maneja aquí en California.
—Bingo, Evans empresas, dice que queda en el centro de la ciudad.
—Sí, el dueño es un jodido multimillonario, solo tiene treinta años y ya tiene un maldito imperio, tu prima sí que supo a quién atrapar —ruedo los ojos porque no quiero ni imaginar el infierno que ese pobre pasa al lado de esa loca.
—Créeme que lo compadezco, esa bruja es un dolor de cabeza, no sé cómo estuvieron juntos.
—¿Estás segura de que te ayudará? —Niego porque eso quiero, pero no sé si lo conseguiré.
—Espero que sí, si no, no sé qué haré.
