Capítulo 3 capitulo 2

Salimos del remolque y conducimos hasta el centro en el coche de Salomé. Cuando llegamos al edificio que me indico Google, me sorprendí, porque era mucho más grande que el que era de mi padre.

Salimos del auto y juntas caminamos dentro del edificio, una hermosa mujer me observa con una gran sonrisa en el rostro.

—Buenas tardes, ¿En que puedo ayudarles? —Sonrío con nervios porque no se si me dejen pasar.

—Hola, quisiera ver al señor Evans.

—¿Tiene cita? —Niego.

—No, pero me urge verlo, dígale que el señor Anderson me envió —La mujer me observa con curiosidad y luego asiente.

—Está bien, pero no le garantizo que la vea, es un poco complicado.

«Lo que me faltaba, que el maldito hombre fuera un cretino».

Espero no sé cuantos minutos mientras la mujer habla por teléfono y parece estar sufriendo un ataque de pánico, eso me hace ponerme muy nerviosa porque no sé con que me vaya a encontrar, solo unos segundos después la chica cuelga y me observa fijamente.

—Puede pasar, pero debe hacerlo sola, solo la recibirá a usted —Asiento mirando a mi amiga que me sonríe.

—Ve, yo te esperaré aquí.

No digo nada más y caminó hasta el ascensor para subir a ver al dichoso hombre, solo espero no encontrarme con un desagradable hombre que solo me vea las tetas o el trasero como me pasaba en todas las entrevistas a las que fui.

El sonido del ascensor me avisa que ya llegue a mi piso, así que con paso decidido me bajo de él y caminó hasta una mujer parecida a la de abajo que me observa con una ceja alzada.

—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? —Sonrío de medio lado para mostrar un poco de cordialidad.

—Tengo una reunión con el señor Evans.

—Sí, claro, pase por favor, el señor ya está esperando —Asiento caminando hasta la puerta frente a mí y después de golpearla escucho el sonido fuerte de una voz que viene de adentro, permitiéndome el paso.

Entró en la oficina encontrándome con un hombre de pelo claro hasta los hombros, con un traje a la medida que le aprieta en los lugares apropiados, demostrando que se ejercita. Aclaro mi garganta para alejar los nervios que se apoderan de mí. Este hombre tiene mas cara de mafiosos que de empresario

—Toma asiento, y dime que quiere que haga por ti—Su voz intimidante y gruesa me produce escalofríos por todo el cuerpo.

—Mi padre me dijo que tú me podrías ayudar —digo con mi voz lo más clara posible.

—¿Eso te dijo? —Asiento, aunque sé que no puede verme.

—Sí, no sé qué negocios tenías con el, pero si puedes hacer algo por mí, te lo agradecería mucho —Ríe negando El hombre tras el escritorio giró lentamente la silla.

 La luz de la tarde delineó su perfil y encendió unos ojos grises que reconocí al instante.

Una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios.

 —Vaya… Charlotte Anderson. ¿De verdad crees que movería un dedo por ti?

El suelo pareció inclinarse bajo mis pies.

 El chico malo de la universidad… dueño de este imperio.

—Esto… tiene que ser una broma de mal gusto.

—¿Sorprendida?

—En realidad, sí, jamás imaginé que alguien como tú terminará siendo el hombre que ahora eres y mucho menos que hubieras estado con mi prima —Mueve el vaso de whisky que tiene en la mano y observó sus tatuajes y cuantos anillos que tiene en la mano, el maldito tiene más cara de mafioso que de empresario.

—Una mujer como tú jamás sabrá lo que es el sacrificio y esfuerzo, aunque después de lo que pasó imagino que terminaste en la calle como la mugrosa que eres —aprieto las manos enterrando mis uñas en ellas.

—Ahora entiendo por qué estuvo contigo, son tal para cual —Me levanto de mi lugar para caminar hasta la puerta —. Fue una mala idea venir aquí.

—Quédate donde estás, si das un paso más, tu vida será más miserable de lo que ya es —gruñó dándole la vuelta para encararlo.

—Tú no eres nadie para darme órdenes, no puedes creerte con más derecho solo porque tienes dinero.

Riley se inclinó hacia adelante, los codos sobre el escritorio de ébano.

 Los anillos de plata brillaron en sus dedos.

—La chica de mensajería se fue. El puesto está libreTe doy a elegir, princesa: doblar la espalda para mí…o seguir doblándola sobre los contenedores de basura.

«Está cobrándome lo que hice en mi pasado, pero lo merezco, no fui un alma pura con él, y es mi única salida, no puedo quedarme en la calle».

—¿Cuándo empiezo? —Sonríe y sé que eso no es por algo bueno, él se vengará de mí, no tengo duda de eso.

—Mañana mismo, su hora de llegada es a las siete, si haces algo estúpido te votaré a la basura y tendrás que seguir comiendo de ella, ¿Estamos claros? —Asiento apretando las manos con fuerza.

Abro la puerta y salgo de esa oficina con un mal sabor de boca, jamás me imaginé que ese hombre fuera el esposo de mi prima. ¿Cómo terminaron juntos?, él no es el tipo de una mujer como ella, no niego que el condenado es muy sexi, pero siempre me ocasionó sensaciones que no me agradaban y por eso nunca le presté atención.


Desperté a las seis de la mañana, era un infierno para mí porque normalmente no solía hacerlo, pero no tenía más opción, tenía que llegar a las siete en punto y mi lugar de trabajo quedaba lejos de donde vivía.

Ingreso a la empresa y sigo derecho al piso de recursos humanos donde se me dará todo lo que necesito y también me dirán qué debo hacer. Un dulce chico de gafas me sonríe con sus mejillas sonrojadas.

—¿En qué puedo ayudarle?

—Soy la nueva chica de mensajería, me podrías decir que debo hacer y por donde empiezo —Asiente mirándome de arriba abajo, gruño porque detesto que hagan eso, mi ropa no es la de marca que solía usar, ahora solo uso pantalones y camisas de oferta y mis tenis que no me pueden faltar, los tacones de marca quedaron en el olvido.

—Lo primero que debe hacer es cambiarse, si el señor la ve así la echará a patadas de aquí —Aprieto mis manos recordando quién es el dueño.

—No pensé que las chicas de mensajería tuvieran un uniforme.

—En realidad no lo tienen, pero deben ir en vestido y tacones, son las reglas de la empresa.

«Lo que me faltaba, estoy segura de que terminaré con un pie roto si tengo que usar tacones y llevar cajas, pero no tengo otra opción».

—No creo que llegue a tiempo si debo regresar a casa, empiezo en quince minutos —El chico sonríe levantándose de su lugar para ir a un pequeño armario. Cuando regresa trae en sus manos unos tacones y un vestido rojo.

—No sé si sean de tu talla, pero puedes intentarlo, es mejor que lo que traes puesto —Sonrío escondiendo que acaba de insultar mi ropa.

Tomó la ropa y entró a un pequeño baño que queda al lado del cubículo del chico, sonrío cuando me veo en el pequeño espejo, es un reflejo de lo que fui en mi pasado, pero no puedo acostumbrarme porque esto no será para siempre. Con un último vistazo salgo del lugar escuchando el gran jadeo del chico de gafas.

—¿Qué?, ¿Me veo muy mal? —Niega haciendo que sonría.

—No… está hermosa.

—Gracias, ahora si puedes decirme por donde empiezo —Asiente sin quitarme la mirada de encima.

—Firma aquí, es tu contrato y luego sube al piso de presidencia, el señor está esperando esto urgente —dice pasándome una caja con unos papeles para que los firme, lo hago y despidiéndome de él tomó el ascensor con la caja que pesa demasiado, no sé a quién se le ocurre que la mensajera debe llevar tacón.

Bajo del ascensor con la caja tapándome media cara y con rapidez abro la puerta de la oficina del idiota para dejar la caja en el piso.

—Aquí está lo que pidió, señor —digo con sarcasmo, él me observa de arriba abajo con un puro en la boca que retira sin dejar de ver.

Sus ojos recorrieron mi cuerpo como si tasara mercancía.

 —El rojo te queda bien. Casi lo suficiente para parecer una dama.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Necesito a alguien a mi lado. Que sonría para las cámaras. Que sepa callar. Podrías… practicar.

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