Capítulo 1 Prólogo

Prólogo

Ocho años no borran el sabor amargo de lo que nunca fue real entre nosotros. Hay heridas que no sangran, pero tampoco cierran por completo y hay nombres que no se pronuncian, pero que siguen latiendo en la garganta queriendo salir de ahí.

También hay amores... amores que se quedan grabados en la piel, aunque ya no tengan permiso siquiera de estar presentes.

Yo solamente tenía veinte años cuando aprendí que el amor no siempre es correspondido por más que queramos que esa persona nos vea diferente. Lo supe la primera vez que lo vi a él mirar a otra mujer con esa sonrisa que yo había imaginado mil veces tener para mí y también lo confirmé el día en que la presentó como su novia oficial... mientras yo fingía no romperme por dentro, justo al lado de mi hermano mayor.

A decir verdad lo que sucedió no fue culpa suya, nunca lo fue. Él era un hombre libre. Libre de amar a quien él quisiera, libre de no elegirme o no. Yo, en cambio, era prisionera de un amor que no pedí tener o sentir, era prisionera de un deseo que no tenía lógica para los demás y presa de un corazón que no quería obedecer o entender de razones.

Lo amé en silencio por mucho tiempo sin decirle a nadie. Lo amé con cada fibra de mi cuerpo hasta que dolió demasiado y él... él ni siquiera lo sospechaba hasta que lo grite a los cuatro vientos. También hasta que el destino, cruel como solo él sabe ser, le impuso un precio muy alto por su herencia y eso era casarse conmigo. Con la hermanita pequeña de su mejor amigo, con la sombra que siempre estuvo a sus espaldas, esperando... soñando... mendigando migajas de su atención.

Lo que hubo entre nosotros no fue un matrimonio por amor. Lo nuestro fue una sentencia a muerte y dolor. Él me odiaba por estar en su camino. Yo lo amaba por estar en el mío y cuando creí que ya no podía doler más, su crueldad encontró nuevas formas de desgarrarme. Me hizo su esposa, pero solo en papel. En su cama, en su cuerpo y en su deseo... todo seguía siendo de otra. De ella, Isabela.

La misma que ahora lo había obligado a casarse conmigo para sobrevivir y obtener un fin. Hubo noches en las que lloré sin hacer ruido o días en los que deseé no amarlo más, pero el amor, cuando es real, no se disuelve con llanto ni se extingue con indiferencia. El amor solo muta, solo se transforma para toda la vida y a veces... en medio del odio que crece poco a poco, nace el deseo y en medio del dolor... se gesta el fuego que nos consume por dentro.

Sin embargo, después del llanto, me iría, pero años después, me llevaría algo de él sin que lo supiera. Algo que crecería dentro de mí, que me llamaría "mamá" con ojos idénticos a los suyos. Tendría dos pequeños secretos, dos verdades que él no conocía hasta que el tiempo nos volvió a cruzar poniéndonos frente a frente. No obstante, ya no éramos los mismos de antes.

Ahora, la pasión que antes quemaba en silencio va a ir prendiendo fuego a todo en su camino y esta vez... no habrá marcha atrás. Demostrar que el amor no ha muerto será una tarea de dos, tarea que viene con obstáculos, pero que al final nadie sabe cómo acabará.

Siguiente capítulo