Capítulo 288

Ariel cerró la computadora con un gesto firme, casi seco, como si el clic fuese un punto final impuesto a la noche. La pantalla oscura reflejó su propia imagen por un momento, ojos cansados, demasiado atentos, demasiado vivos para alguien que debería estar descansando. Permaneció sentada en el borde...

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