Capítulo 304

La mañana había llegado en silencio a aquella casa, demasiado grande para tres niños.

La luz del sol entraba a raudales por los enormes ventanales del estudio, filtrada por las cortinas claras que bañaban la habitación en un resplandor suave, casi lechoso. El aire llevaba el olor limpio de la mader...

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