Capítulo 2 ¿Cómo comienzas un cuento de hadas?

Eva.

Hace seis años atrás.

—¡Evangeline Reynolds!

Los gritos de mi nana intentando sacarme de mi escondite pasan por enésima vez por mi lado.

¡Ja!, podría pasar veinte veces más y no me notaria, pobre Nana Manuela.

—Aquí estás, hija de Belcebú.

—¡Nana! – hago un mohín al ser descubierta, pero ella ni se inmuta con mi tremenda actuación y comienza a darme con el paño de cocina – ¡Auch! Eso duele, Manuela.

—Será mejor que muevas ese hermoso cuerpo de bailarina de Ballet que tienes y te prepares para la cena de esta noche. Hoy viene el joven Brown y ya sabes cómo se ponen tus padres y tus abuelos con la llegada de ese muchacho. Tu padre quiere a toda la familia presente.

Reviro los ojos porque la verdad es que me interesa menos que… Nada, la llegada de ese tipo. Tenía claro que su llegada era por mí hermanastra, Clara. Aquella que ha vuelto de sus largas vacaciones en Francia antes de que ese idiota le coloque la roca en su dedo. Porque si para eso era su visita, tendríamos un final feliz en ese maravilloso cuento de hadas.

—¿Sabes que si mi papá te escucha puede que no aparezca tu esbelto cuerpo de sirena nunca más?

—Y tú sabes que me importa… Bueno, sí me importa, pero él los quiere a todos en la mesa a las 8 de la noche, ni un minuto más, ni uno menos. Ya sabes cómo se pone cuando alguno no le hace caso.

Me levanto de mi escondite y con la peor de mis caras me arreglo el pantalón deportivo, tomo mis zapatillas de Ballet y camino hacia mi habitación. La última del piso, la que se llueve cuando cae un aguacero en los meses de invierno, la que apenas y tiene calefacción, la que es un sauna en verano. La que…

Para qué me quejo, es lo que me tocó al ser una hija bastarda. El error de mi padre Vincent Reynolds y quien sabe cuál de todas las que han pasado por su cama.

Lo único que sé es que Micaela Santoro, mi adorada madrastra de cuento (versión Cruella y Úrsula 2.0, mezcladas como un buen martini) me lo restriega en la cara hasta cuando se me ocurre la genial idea de respirar.

—¡Maldición! ¡Está muy fría!

Dije que no tenía calefacción ¿no? Pues tampoco llega el agua caliente a esta parte de la casa. Pero todo eso cambiaría en unos meses más, estoy a punto de cumplir la mayoría de edad y gracias a mi pequeño emprendimiento y los sabios consejos de la maestra Ángeles, conseguí una beca en Juilliard, Nueva York. De algo que sirvan los años de remplazar a Clara en las clases de Ballet.

Salgo de la ducha, literalmente como pollo mojado y me abrigo con mi mullida toalla de Hello Kitty que compré en una de esas tiendas de descuento. Abro mi computadora y reviso mis pedidos.

Muevo la bolita del mouse para ver la mejor oferta y doy click.

—Bueno señor Frost, sus zapatillas de ensueño estarán en su dirección antes que diga Starligth.

Sonrió como boba porque me encanta mi trabajo. Todavía recuerdo como si fuera ayer cuando se me ocurrió la idea y todo gracias a Clara que quería unas entradas para el concierto de su cantante favorito.

«Te cobro cincuenta dólares extra por conseguirlas»

Fue lo que le dije y ella aceptó.

Ahora, el negocio de conseguir lo que otros quieren sin hacer el esfuerzo es lo que hacemos con mi mejor amiga y co fundadora de Starlight.

Termino de hacer el intercambio de información con el cliente, busco el lugar y llamo a mi secuaz, perdón, socia para empezar la misión.

—Dichosos los oídos que te escuchan.

—Lo mismo digo, perra. Te llamo porque tenemos un nuevo pedido, pero no puedo hacer el primer puesto de vigilancia.

—¿Y eso?

—Cena familiar. Por fin el desabrido de Brown viene a pedirle matrimonio a Clarita.

—Wow, ¡Ese papasito! — reviro los ojos, ¿es que ni mi amiga se salva de los encantos de ese idiota? — y deja de revirar los ojos, estoy segura de que lo estás haciendo, Eva. Jamás he entendido por qué no te gusta ese tremendo bombón.

—¿Será que no es mi tipo? –respondo sin inmutarme–. En fin, te acabo de enviar la información, así que haz la primera ronda de vigilancia en el lugar y cuando termine este martirio voy a relevarte. El señor Frost es nuestro mejor cliente y no le podemos fallar.

—Si, mi generala y disfruta de la buena comida, algo que saques de la visita de ese tipo.

Cuelgo la llamada con mi amiga y socia y busco algo que ponerme.

Para no desteñir en la formalidad de la casa Reynolds, me vestí con el único vestido que tenía. Uno heredado de mi hermana, por supuesto, y que había dejado para la caridad y mi nanita lo rescató.

¡Si hasta la etiqueta tenía!

Arreglé mis cabellos color rojo fuego en un moño descuidado y me coloqué mis zapatillas Converse All Star CT Fiesta OX Zapatillas bajas Chuck Taylor Champagne (un tremendo apellido, pero muchos matarían por ellas, sí, lo sé), también con el gentil auspicio de las sobras de mi hermana.

Me miré en el espejo y di mi aprobación, simple, pero sofisticada. Marquera me diría Cameron, pero es lo que hay.

—Es hora de comer.

En el presente…

—¡AH!!!!! Maldito idiota, hijo de puta, malnacido, estúpido animal, desecho humano de la creación ¿Qué se cree?

—¿Qué pasó, Eva?

—Nada de lo que yo no podría imaginar, Cam. Ese idiota sigue siendo el mismo animal que ya conocemos. Pero, esto no se va a quedar así. Es solo el comienzo, amiga. No habrá tregua con ese mal nacido y lo haré pagar por todo lo que me hizo…

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