Capítulo 3 El encuentro del príncipe y la princesa del cuento…

Eva.

Hace seis años atrás...

Mientras camino hacia las escaleras me encuentro con Clara que viene enfundada en un hermoso vestido color gris perla de la última colección Ferrante.

¡Dios, es bellísimo!

Y me costó quince horas frente a la tienda y tres más peleando con varias compradoras por la talla que necesitaba cuando salió la colección. Qué decir del valor.

«Ya quiero que lo deje para donar

—Te ves preciosa.

Lo digo de verdad, porque ella es hermosa.

—Lo sé, pero ¿no será muy simple?

Y soberbia, un poquito.

—Cariño, con lo que te pongas te verás hermosa.

Clara a pesar de todo lo que se pueda contar de las hermanastras de cuento, es la única, además de mis abuelitos y mi nanita, que me quiere en esta casa y, a pesar de todo lo que le diga de mí la señora madrastra, Clara jamás ha hecho distinciones entre las dos.

Pero era una princesa superficial (y una de mis mejores clientas, aunque no lo sepa). Ya dice el dicho “Nadie es perfecto”.

Cuando bajamos las escaleras, vemos cómo Joseph, el mayordomo, corre hacia la puerta como si de su vida dependiera abrir de inmediato, lo veo respirar hondo, luego abrir y ahí estaba él. El amor de la vida de Clarita, enfundado en un traje tres piezas de la última colección de Armani – nótese que lo sé porque también tuve que conseguir uno para el señor Frost hace algunas semanas, como lo dije ese señor es uno de mis mejores clientes –. Pero volviendo al "Novio" su traje es negro como su alma, que lo hace ver imponente y resaltar esos ojos dorados que se enfocan en nosotras. Juro que Clara dejó de respirar y me tomó del brazo para resistir o más bien para no caer escaleras abajo y morir en el intento.

—Respira, mujer. Es solo un hombre.

Le susurro al oído y la ayudo a bajar con cuidado cada escalón.

Cuando estamos frente a él, una sonrisa oscura apareció en sus labios que me hizo estremecer. ¿Por qué me mira con tanta intensidad?

Hello, la futura novia es la de al lado mio, no yo, le grita mi conciencia, pero el nada, ni se inmuta por como lo miro.

—Connor. E… es un placer tenerte aquí. Bienvenido.

Clara se acerca a él, sin soltarme, lo que para cualquiera resultaría cómico, pero para mí no que lo único que quiero hacer es salir huyendo para no hacer mal tercio.

—El gusto es mío de venir a ver a su familia. Clara, Evangeline.

—Hola, señor Brown.

Me limito a decir, mientras trato de soltarme del agarre de mi hermana, pero esta no me lo permite. Para mí suerte o mi desgracia aparecen mi padre y Micaela.

—Brown.

—Señor Reynolds.

Ambos se dan la mano con cordialidad, mientras Micaela nos mira a ambas con molestia y es ahí que por fin Clara me suelta.

—Si les parece, podemos pasar a la mesa de inmediato. Mis suegros nos esperan.

—Claro, será un placer ver a Ronald y Kassandra.

Estoy haciendo arcadas mentales por tanta amabilidad ¿es que no pueden ser más compuestos? Tan lambiscones, todo esto me provoca repelús.

Mi padre y su mujer le hacen un ademán a Brown y noto como Micaela obliga a Clara para que se aferre del brazo de Connor. Pero una vez que mi hermana le hace caso veo la incomodidad de este y eso me parece extraño. Es como si el toque de mi hermana le quemara.

Sospechoso...

Al entrar en el comedor, mis abuelos se levantan de sus sillas y de la misma forma lambiscona que toda la familia ha usado, saludaron a Brown. Nos acomodamos en nuestros asientos, mi hermana al lado de su futuro marido, mi padre en la cabecera y mi abuelo en la otra. La bruja mayor a la derecha de mi padre y la abuela a mi lado, quedando yo frente a los futuros novios.

La comida comienza a ser servida por las chicas del servicio y yo me maravillo con las endivias con salsa de trufa que suelto un pequeño gemido de felicidad.

Al abrir mis ojos veo como esos orbes color oro no me quitan la vista de encima y mi estómago se retuerce. ¿Qué le pasa a este tipo?

—¿Cómo estuvo tu viaje, Connor? ¿Todo bien en Francia? – mi papá rompe el hielo que hay en el lugar y el interrogado sonríe, levanta la servilleta y después de limpiarse la comisura de sus labios de forma elegante le responde.

—Maravillosamente bien, Vincent. ¿Te puedo decir así? Me imagino que después de que te diga a lo que he venido aceptarás sin ningún problema.

—Por supuesto que sí, Connor. Pero no hablemos de negocios y disfrutemos de la comida.

Responde, un tanto incómodo mi papá, pero el personaje en cuestión solo sonríe de medio lado y prosigue.

—Yo lo estoy disfrutando y muchísimo, Vincent — se relame los labios sin dejar de mirarme a los ojos.

¡Qué desfachatez, hablar de un matrimonio como si fuera otro más de sus negocios!

No sé qué cara habré puesto, pero mi hermana me da una patada en las canillas y yo quiero mandar todo a la mierda para ir a mi trabajo.

—¡Auch! – juro que me las vas a pagar, Clara le digo con la mirada y ella solo sonríe y alza su copa de agua.

—¿Te pasó algo, hija?

—No, no, nada padre. Solo me pegué en la rodilla al mover las piernas para acomodarme nuevamente en la silla.

—Ya conoces lo torpe que es Evangeline, Vincent. No te preocupes tanto.

Yo quería que se abriera un hoyo y me dejara en la conchinchina, mientras los demás me miran en son de pregunta y el principe azul de mi hermana sonríe y me guiña un ojo.

En el presente…

—Idiota, hijito de su santa madre ¿Qué se cree? ¿Mi Evangeline? ¡Mí Evangeline!

—Respira, mujer, respira y cuéntale a Cam que fue lo que pasó…

Capítulo anterior
Siguiente capítulo