Capítulo 31 Una confesión que puede cambiar el cuento

Eva

Salí detrás de él corriendo como loca y creo que fue peor porque de la nada se dio la vuelta y me tomó por sorpresa.

—Iremos a caminar.

Otra de sus tantas ordenes había sido dada y yo como perrito condicionado, acataba.

Caminamos por las frías calles de Londres, estábamos a nada de empezar dici...

Inicia sesión y continúa leyendo