Capítulo 4 ¿Un compromiso de cuento?

Connor.

Haber llegado a Londres con un solo objetivo entre cejas me provoca cierta ansiedad, pero ya no hay vuelta atrás, tengo a todos los participantes de mi obra de teatro frente a mí. Veo como las hermanas se molestan como niñas pequeñas bajo la mesa y ratifico mi decisión, Clara es la sumisa y Eva es la dominante, ambas tan distintas entre sí que nadie creería que son hermanas o hermanastras, da lo mismo. Vamos a ver si después de mi propuesta este amor tan fraterno sigue entre ellas.

Me río al ver como Micaela va de Eva a Clara, obviamente con esa cara de limón agrio que no se puede quitar y creo que quiere regañarlas, pero se aguanta por mí culpa, lo que me saca una sonrisa.

Ya veremos qué dice la mujercita esa cuando sepa a qué vine. Solo vengo por una de ellas y quiero ver sus caras al conocer mi elección…

Eva

Estoy pensando que Micaela nos dará la reprimenda de nuestras vidas cuando el señorito Brown se vaya, pero vamos, que ella me pegó y dolió mucho. Respiro profundo y limpio mis labios con la servilleta, sintiendo los ojos del futuro novio de mi hermanastra fijos en mí. La pobre de Clara desvía la mirada y yo, pues yo no le hago caso. Para qué hacerse mala sangre.

Mi abuela me da una palmadita en el muslo y sonríe. Ella es la que trata de poner los paños fríos entre todos.

—Deja de decir eso de la niña, Micaela. Evangeline no tiene nada de torpe. A veces pasa que hay malos movimientos un tanto mal intencionados y eso fue lo que le pasó.

Micaela la mira con odio, Clara se esconde en su servilleta, mi padre come como si nada hubiera pasado y yo, pues miro a mi abuela con devoción. Vamos que mis abuelitos son en gran parte mis protectores en esta casa, fueron ellos junto a mí nana quienes me cuidaron desde que me dejaron aquí y eso le revienta el hígado a mi madrastra.

—¡Manuela!

Mi padre termina de sacarnos de este momento tan incómodo y mi nanita entra con las chicas y el plato de fondo. Un delicioso filete Wellington con papas salteadas con romero.

¡Dios! Amo estas comidas, le diré a Clara que se comprometa más seguido.

El silencio vuelve a llenar el comedor y solo el sonido de los cubiertos trozando la carne es lo único que se escucha. Hasta que Brown vuelve a hablar.

—Vincent, Micaela. La comida está deliciosa, pero creo que ya es momento de que les diga el porqué de estar aquí.

El tono formal y amable con que lo dice nos indica que por fin habrá propuesta. Los ojos de mi hermana se abren como platos, este es el momento que ha esperado por toda la vida y juro que se va a desmayar de la emoción. Qué decir de Micaela, creo que ella es la que quiere decir “sí, acepto” por su hija, mientras mi padre bebe de su copa esperando la gran propuesta.

—Como sabes soy hijo único y ya es momento de que reciba mi herencia.

Todos asienten como esos muñequitos que colocan en los tableros de los taxis y Brown continúa con su petición de mano a mi dulce hermana que tiembla como hojas en otoño y lo mira con admiración.

Es todo demasiado cursi, creo que ya me va a dar un coma diabético al ver a mi pobre hermana tan ansiosa de escuchar las palabras mágicas que creo que me saltaré el postre y lo guardaré para llevárselo a Cam.

—Qué aburrido — musito para mí, comiendo otro trozo de mi filete y el señorito me mira con molestia, creo que escuchó.

—El tema es que existe una sola condición para acceder a mis derechos como único heredero de la fortuna Brown y eso es que debo estar casado antes de que cumpla los veintitrés años.

—Entiendo la situación y por todo el cariño y la amistad que tuve con tus padres es claro que sí puedo apoyarte para que te unas en matrimonio con mi pequeña Clara te apoyo en todo lo que necesites, muchacho. Ella estará más que feliz de ser tu esposa y…

Brown lo mira extrañado, luego me mira a mí y después a Clara y no deja que mi padre termine lo que quiere decir.

—¿De qué hablas, Vincent? ¿Quién te ha dicho tamaña estupidez? Creo que te has equivocado de novia. Yo jamás he pensado en Clara para esto, ella no cumple con mis estándares, pensé que ya tenías claro lo que quería cuando hablamos hace una semana atrás — Brama molesto y con cara de querer matar a mi papá, le faltó poco para decirle estúpido y ahora si que nadie entiende nada de lo que hablaba este hombre —. A la que he elegido es a Evangeline para ser mi esposa.

¡¿Qué?!

En el presente…

—¿Y ese tremendo Bombón que acaba de salir de tu oficina?

—Cállate, Dante. Necesito pensar…

—Uy, veo que te dejaron mal, hermano. ¿Te drenó todos esos años de amargura pensando en tu esposita desaparecida?

—Es peor de lo que te imaginas…

—A ver, cuéntale a papi Dante ¿qué pashó?

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