No sentí nada

—Señor, no insista —la sirvienta lo mira con seriedad—. La señora no quiere verlo, déjela. Lo siento, pero debo cerrar la puerta, tengo deberes por cumplir. Que esté bien —cierra y Noah tensa su mandíbula.

—¡Joder! ¿Pero qué carajos pasó? —se pregunta y la vuelve a llamar, pero Katia esta vez apagó...

Inicia sesión y continúa leyendo