Capítulo 30

Isabella se tocó la cara sin darse cuenta y lo negó:

—No estoy sonrojada.

—Sí estás sonrojada —Layla sonrió como un gato que se acaba de comer la crema—. Isabella, ¿te gusta?

—No —lo negó Isabella con rapidez.

Eso era lo que decía, pero en su corazón se habían levantado ondas. No podía engañarse...

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