Capítulo 120 Su muerte no fue su culpa

—Por favor, no —suplicó, pero fue en vano.

Él le lanzó una última sonrisa sombría antes de que sus ojos de gato negro como el carbón se cerraran no por unas horas, sino hasta la eternidad. Flor cerró los ojos y estalló en otra fila de lágrimas de dolor, el hombre al que salvó una vez, queriendo que...

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