Entra en mí, como siempre.

—Todavía no—bromeó, su voz ronca y áspera que me hizo estremecer, retirando sus dedos con un chasquido húmedo y obsceno que me hizo gemir en protesta. Pero los reemplazó casi de inmediato con su lengua—plana y ancha al principio, lamiendo desde mi clítoris hasta mi entrada en largas y saboreadas pas...

Inicia sesión y continúa leyendo