El final más feliz no fue un final en absoluto.

La perspectiva de Liana

Entonces me besó, lento y seguro, con sabor a café y eternidad, sus manos enmarcando mi rostro como si fuera algo precioso ganado. El beso se profundizó gradualmente, no con el hambre frenética de fugitivos robando momentos en callejones oscuros o ferris bajo la luna, sino c...

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