Un toque más y la arruinaré. Completamente. Sin posibilidad de reparación. Más allá del reconocimiento.

La puerta se cerró de golpe. Un sonido final, definitivo, que resonó por toda la casa silenciosa, asentando el silencio opresivo a mi alrededor. Su puerta. Su habitación. Nuestra casa. Una casa que apenas consideraba mía, un lugar de ficciones educadas y normalidad forzada. Sin embargo, la chica aho...

Inicia sesión y continúa leyendo