¿Qué diablos pasa contigo?

La cena fue una especie de tortura lenta y agonizante. Cada suave tintineo de los cubiertos contra la porcelana, cada ocasional y ligera risa de mi mamá, cada bajo y retumbante murmullo del señor Ashford hablando sobre alguna nueva fusión empresarial—todos se fusionaban en una sinfonía enloquecedora...

Inicia sesión y continúa leyendo