«¿Qué diablos haces aquí?»

La perspectiva de Dante

La lluvia no había parado desde el atardecer, pero no era solo un aguacero. Era una maldita tormenta. Golpeaba las ventanas como tambores de guerra—pesada, implacable y furiosa. Un poco como yo.

Mis manos estaban tan apretadas que me dolían los nudillos. Había estado pasean...

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