Nunca me había sentido así con nadie más.

La respiración de ella se entrecortó y me miró con ojos vidriosos de deseo y emoción.

—Soy tuya —susurró, su voz quebrándose en las palabras, como si fueran un voto que había estado conteniendo durante demasiado tiempo—. Solo tuya, Dante. Incluso cuando me asusta. Incluso cuando podría arruinarnos....

Inicia sesión y continúa leyendo