Se derramará por todo el suelo si no me detengo.

La perspectiva de Liana

El viaje a casa fue una tortura—deliciosa, exquisita tortura. Dante tomó el volante, una mano perezosa en la columna de dirección, la otra deslizándose alto por mi muslo en el momento en que salimos del estacionamiento. Sus dedos trazaban círculos ociosos en mi piel desnuda,...

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